El doce de Julio de 1997 dos disparos resonaron en la cabeza de una niña de once años sin ideas políticas. Cuarenta y ocho horas antes, las calles de muchas ciudades españolas habían comenzado a llenarse de manifestantes pidiendo la liberación de un joven concejal al que la banda terrorista ETA había secuestrado en una estación de tren de camino a su trabajo.
Algunos decían que se trataba de una venganza tras la liberación de Ortega Lara después de más de quinientos días de cautiverio; otros que suponía un chantaje al gobierno al que pedían el acercamiento de los presos al País Vasco.
Pese a que no se trataba de algo nuevo (la banda terrorista llevaba matando más de 20 años) aquel mes de Julio algo parecía diferente. La sociedad mostró más fuerte que nunca su rechazo al terrorismo pidiendo la liberación le Miguel Ángel Blanco al que amenazaban con asesinar pasados dos días si no se cumplían sus exigencias.
Las imágenes de sus padres, de su hermana, de su pueblo Ermua impresionaban a aquella niña que no entendía nada.
Las amenazas se cumplieron y aquel sábado dos caminantes encontraron al joven concejal con un hilo de vida tras haber recibido dos tiros en la cabeza en un paraje próximo a Lasarte. Falleció a las pocas horas.
Las calles se llenaron de manos blancas levantadas en señal de repulsa, de velas iluminando largas vigilias de duelo.
Pese a que ETA siguió aterrorizando España durante catorce años más, aquel día algo cambió. La sociedad por fin se atrevió a gritar pidiendo el fin del terrorismo. Aquel movimiento ciudadano espontáneo surgido tras el atentado es aun conocido como el Espíritu de Ermua.
El 12 de Julio de 1997 fue el comienzo del fin. Las masiva respuesta de la ciudadanía y las multitudinarias concentraciones de repulsa supusieron, sin duda, un antes y un después.
Aquella niña que no entendía que podía mover a personas a matar por matar, todavía lo entiende menos si cabe veinticinco años después.
Aquella niña es hoy una maestra con imágenes grabadas en su retina que se niega a asumir que tal vez esto un día se olvide.
